La calma que siguió al huracán fue tan frágil como el cristal. Los días se convirtieron en una sucesión de reuniones legales sombrías, llamadas de acreedores y el lento y doloroso desmantelamiento de Hale Enterprises. La mansión, antaño un símbolo de poder inquebrantable, ahora resonaba con ecos de pérdida. El cello del Sr. Davies había enmudecido; su contrato, como el de tantos otros, había sido rescindido. Solo los más leales permanecieron: el mayordomo, de luto por la caída de la casa que se