La mansión Winchester había recuperado, por unas horas, su sinfonía. El suave murmullo del cello del Sr. Davies se colaba por los pasillos, mezclándose con el arrullo de Olivia a Eliana. Era una melodía de normalidad fabricada, un frágil telón de fondo para la tormenta que se gestaba en el estudio de Lion.
Olivia bajó a Eliana con sumo cuidado en su cuna, observando cómo sus párpados, como pétalos de rosa, se cerraban en un sueño profundo. La paz de su hija era un bálsamo y un aguijón. Cada men