El estudio de la mansión Winchester era un santuario de paz. Olivia, con un suéter suave sobre sus hombros, seguía las indicaciones de una aplicación prenatal en su tableta, con una pequeña y serena carita sonriente en la pantalla confirmando que su meditación diaria había sido un éxito. Lion, en su escritorio, firmaba documentos con una mano mientras que con la otra sostenía distraídamente una ecografía, con su pulgar acariciando la imagen borrosa del "frijolito", como Olivia lo llamaba cariño