La confrontación con sus padres había dejado un silencio cargado en la mansión Winchester. No era la paz que Olivia anhelaba, sino la calma tensa que sigue a una explosión. La visita de los Hale y sus regalos obscenos no habían sido un intento de reconciliación, sino una declaración de guerra silenciosa. Una jugada para asegurar su influencia sobre el futuro heredero.
Olivia, sentada en el estudio de la madre de Lion, ya no miraba partituras. Frente a ella, en la pantalla de un portátil seguro,