El silencio en el estudio de Lion era distinto. Ya no era el silencio tenso de la espera o el susurro electrónico de la vigilancia. Era el silencio pesado y cargado de la antesala de la batalla. La tormenta había amainado, dejando a su paso un panorama desolador: la traición doméstica, el ataque frustrado, y la certeza de que Camila Astor, desde su exilio alpino, no se quedaría de brazos cruzados.
Lion giró su silla, enfrentando no solo a los presentes en la habitación, sino al fantasma de la g