Lion condujo su Bentley a través de las calles iluminadas de Londres con una concentración feroz, como si pudiera dejar atrás el presentimiento que se agarraba a su estómago. Sabía que era una trampa. La cena "para cerrar capítulos" era un cebo, y él, como un idiota movido por los espectros del pasado, lo había mordido.
El restaurante, "Le Ròse", era tan pequeño e íntimo como lo recordaba. Una joya escondida con solo diez mesas, paredes de piedra y un ambiente que invitaba a las confidencias. C