El sol de la tarde se filtraba por los altos ventanales del estudio de música en la mansión, pintando de oro las motas de polvo que danzaban alrededor del piano de cola blanco. Olivia terminaba el último compás de una sonata de Scarlatti, con sus dedos levantándose del teclado con un suspiro de satisfacción. La música había sido su terapia, su refugio durante los últimos días, una semana extrañamente tranquila después del ataque de Allison y la partida de Caleb.
La puerta se abrió con suavidad.