El pasillo de la suite privada del hospital era un túnel de silencio y lujo opresivo. Caleb apenas podía respirar, con el peso de la mirada gélida de Olivia aún grabada en su piel como una quemadura. Cada paso que lo alejaba de esa puerta de roble era un esfuerzo sobrehumano. No había logrado el perdón, no había encontrado la rendija de compasión que esperaba. En su lugar, había sido declarado enemigo. Anulado. Y lo que era peor, la frialdad de Olivia era más aterradora que cualquier explosión