La respiración de Olivia, por fin serena y profunda, era el único sonido en la suite hospitalaria. Lion permanecía sentado a su lado, inmóvil, con su mirada grabando cada detalle de su rostro en la penumbra. La luz de la luna acariciaba sus pómulos, iluminaba la suave curva de sus párpados cerrados, se perdía en la oscuridad de su cabello desparramado sobre la almohada. Una oleada de posesividad tan feroz como tierna lo inundó. La había encontrado entre las ruinas de su vida, un espíritu quebra