El Cómplice Arrepentido
La suite presidencial era ahora un teatro de horrores. Julián Mercer, o quien fuera ese hombre, había cruzado un umbral del que no había retorno. Su plan, concebido en la arrogancia y la codicia, se estaba desmoronando ante sus ojos, transformándose en una pesadilla que nunca imaginó.
Cuando los dos encapuchados arrastraron a una Olivia semiconsciente hacia la suite, él los había seguido con el corazón latiéndole con fuerza. Las órdenes eran claras: montar una escena com