Lion no les prestó atención. Cruzó la habitación en tres zancadas y se arrodilló frente a la cama. Sus manos, que podían ser tan brutales, se cerraron sobre los hombros de Olivia con una ternura desgarradora.
—Olivia. —Murmuró con su voz áspera por la emoción. —Estás a salvo. Lo siento, lo siento mucho.
Ella se estremeció, y luego, como si su nombre fuera la llave que abría la compuerta de su miedo, se derrumbó contra su pecho. Un sollozo profundo y tembloroso sacudió su cuerpo. Lion la envolvi