La fiesta en la Galería de los Espejos comenzaba a languidecer. El bullicio de las conversaciones se había reducido a un murmullo cansado, y el aire olía a champaña agrio y perfume caro. Olivia, con las mejillas sonrojadas por el vino y la euforia, se despedía de los últimos invitados cerca de la entrada principal. Lion, a su lado, mantenía una actitud protectora, aunque su mente aún revoloteaba alrededor del frío Julián Mercer y la investigación que había ordenado.
Fue entonces cuando una figu