Incluso Álvaro se dio cuenta en ese momento:
Estaba completamente loco.
Gabriela lo había humillado, lo había hecho pedazos. Su rabia era tan intensa que lo consumía, y su corazón estaba roto en mil pedazos. Sin embargo, ni por un instante pensó en dejarla ir.
Si estaban destinados a odiarse mutuamente el resto de sus vidas, al menos lo harían juntos.
Amor o odio, daba igual.
¡Porque él quería a Gabriela! ¡Y solo a ella!
Álvaro salió sin mirar atrás, cerrando la puerta con un estruendo que reson