Hans tenía que partir muy pronto hacia la siguiente ciudad de la gira, así que no podría acompañar a Gabriela al hotel ni pasar más tiempo conversando con ella. Aun así, él deseaba prolongar esos minutos, pero podía ver que Gabriela hablaba en serio; se le notaba el cansancio.
—Los acompaño hasta la camioneta —se ofreció Hans, poniéndose de pie. Se adelantó a Cristóbal y tomó del respaldo el abrigo de Gabriela, entregándoselo con cuidado.
Rosalina, al notar el gesto, miró a Cristóbal con una son