Limpiaba cada mancha de sangre o cicatriz sin inmutarse, sin juzgar, diciéndoles con voz suave que no pasaba nada, que quien estaba herido podía sangrar muchas veces y, aun así, seguiría habiendo oportunidades de sanar.
También tenía una paciencia infinita.
Si, al limpiar las heridas, volvía a surgir sangre, no se inmutaba. Los consolaba con un suave "No pasa nada, es normal que siga doliendo. Si no se limpia de una vez, lo haremos las veces que haga falta. Algún día sanará, tarde o temprano."
H