Los pasos se detuvieron justo detrás de ella. Noelia se imaginó que la abrazaría por la cintura o le susurraría algo al oído.
—¿Te gusta la vista? —preguntó Álvaro, con su voz habitual, carente de emoción.
El abrazo que Noelia esperaba nunca llegó. Se giró para mirarlo, con una expresión algo tímida:
—Tú escogiste este lugar; para mí, cualquier sitio que eligieras sería hermoso.
Álvaro, con la mirada baja, la contempló con un aire indescifrable:
—¿Y algo más que quieras decir?
La pregunta la tom