Mundo de ficçãoIniciar sessão🔥🔞 Se acostó con un hombre maduro creyendo que era un gigoló del club... ¡y resultó ser un poderoso CEO amigo de su papá! 💥💋 ~~~~~~~~~~~~~~ Sinopsis: Adeline Fontaine fue abandonada a los tres años y creció en un orfanato parisino, aprendiendo a sobrevivir sola. A sus dieciocho, haría lo que fuera por salvar el refugio de animales de su mejor amiga, el único lugar que siente como un hogar, incluso entrar a “Le Club Doré”. Pero todo se sale de control: una bebida adulterada, un cliente peligroso y una huida desesperada, la llevan a aferrarse a un desconocido que confunde con un empleado del club. —Señor gigoló… sáqueme de aquí. Llévame a cualquier lugar… y acuéstese conmigo esta noche. Le pagaré. A la mañana siguiente descubre su error: él no era un gigoló, sino Edmond Montfort, un magnate además padre divorciado. Semanas después, un embarazo inesperado y la irrupción de una misteriosa pareja que dicen ser sus padres sumergen su vida en el caos… y es entonces cuando Edmond le propone un matrimonio por contrato de un año, justo cuando un secreto revela que sus destinos estaban unidos desde antes… y que ella era un fruto prohibido para él. ¿Podrán resistirse… aún cuando ella se convierte en su “dulce tentación”…?
Ler maisMis queridos lectores: Por motivos de salud, la novela «¡UPS! ¡EL GIGOLÓ DE UNA NOCHE FUE EL AMIGO DE MI PAPÁ!» suspenderá sus actualizaciones diarias durante lo que resta de junio. Las actualizaciones diarias se reanudarán en julio, mes en el que también la novela llegará a su final definitivo. Agradezco de corazón todo el apoyo que le han brindado y su comprensión. Me esforzaré por darles un hermoso final. 🥰🌹💚 Mañana trataré de subirles cuatro capítulos; mientras me recupero, intentaré seguir actualizando día por medio, según me lo permita mi salud. Gracias por acompañarme en esta historia y por su paciencia. ❤️
Capítulo 190: Yo te apoyaré siempre. Adeline permanecía abrazada a Edmond, con la cabeza apoyada sobre su pecho y las lágrimas secándose poco a poco sobre sus mejillas. El sonido tranquilo y constante de los latidos del hombre bajo su oído la calmaba profundamente. Todavía seguía emocionada por aquellas palabras. Jamás imaginó escuchar al hombre que amaba hablar con tanta sinceridad y profundidad sobre ella y su futuro juntos. La joven levantó lentamente la cabeza y lo observó con ojos brillantes, todavía algo húmedos. —¿De verdad me amas tanto? —preguntó con una pequeña sonrisa avergonzada, mordiéndose el labio inferior. Edmond clavó su mirada en ella, y una leve curva apareció en sus labios, suave pero llena de ternura. —Más de lo que me gustaría admitir —respondió él, con esa voz grave que siempre le aceleraba el corazón. Las mejillas de Adeline se pusieron rojas al instante y bajó la mirada, tímida. —Edmond… —Y sigues poniendo esa cara —murmuró él, divertido, mientras
Capítulo 189: Un matrimonio muerto. Adeline continuaba sentada sobre el colchón, con los ojos todavía húmedos por la historia de Cédric. El corazón le dolía al imaginar a aquel hombre que jamás pudo reconciliarse con sus padres y a Edmond cargando durante años con una culpa que nunca le perteneció. El CEO terminó el whisky que quedaba en su vaso y, tras dejarlo sobre la pequeña mesa, se aflojó un poco más los botones superiores de la camisa. Su expresión lucía tranquila, pero el cansancio empezaba a marcarse en las líneas de su rostro. Finalmente se dejó caer sobre el colchón y soltó una exhalación larga y profunda. —Estoy exhausto… —murmuró con voz baja y ronca. Adeline se acomodó de inmediato a su lado y acarició suavemente su brazo, deslizando los dedos con ternura sobre la tela de la camisa. —¿Te sientes bien? —preguntó con suavidad. Él dirigió su mirada hacia ella. —Sí. La joven sonrió dulcemente y apoyó la cabeza contra su hombro. —Hoy hablaste de muchas cosas. —D
Capítulo 188: La tragedia familiar. ✧✧✧ Esa misma madrugada. ✧✧✧ La residencia Montfort había recuperado por fin la tranquilidad. Adeline permanecía sentada sobre la cama, descalza, con el vestido perlado todavía puesto. Se había quitado los pendientes y el collar, que descansaban ahora sobre la mesa auxiliar. Los ojos miel de la joven seguían cada movimiento de Edmond con una dulzura llena de inquietud mientras él terminaba de entrar y cerraba la puerta tras de sí. El CEO se quitó el reloj y lo dejó sobre la cómoda con su calma habitual. Desabotonó los gemelos uno a uno, se aflojó la corbata negra hasta que esta se deslizó entre sus dedos y, finalmente, se deshizo del saco y chaleco interior, que terminaron doblados sobre una silla. Adeline no apartaba la mirada. Cuanto más recordaba las palabras que había escuchado en la fiesta, más le pesaba el silencio. Edmond desabotonó los puños de la camisa blanca y, al levantar ligeramente la vista, se detuvo al notar la intensidad





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