Capítulo 01: Atrapada en la habitación 420.
—No… Dios… esto es muy poco…. —murmuró Adeline para sí misma.
Sus manos temblorosas contaban los euros que recién había sacado del sobre negro de su pago, sobre que traía el nombre: “Le Club Doré”.
Sentada en una esquina de la barra del bar, dentro de ese Club parisino. Soltó un profundo suspiro.
Volvió a guardar el dinero, tomó la copa que tenía cerca y bebió tragos largos de licor.
—Maldición… a este paso… nos echarán a la calle —la joven de solo dieciocho años, posó sus ojos dorados en el licor, decaída—. ¿Qué pasará con el refugio de animales? ¿Con todos esos perritos y gatitos?
Su preocupación no era para menos.
El refugio de animales era el lugar donde trabajaba, donde vivía, aunque pertenecía a su mejor amiga veterinaria.
Ambas eran un par de huérfanas que buscaban salir adelante con esfuerzo, y ayudar a los animales indefensos.
¡Y ahora todo se derrumbaba frente a sus ojos, llenándola de impotencia!
Una voz familiar hizo que la joven rubia volteara a ver de inmediato.
A la distancia, su mejor amiga, Corinne, se acercaba con una amplia sonrisa. Llevaba el mismo vestido que Adeline: el uniforme de acompañantes del Le Club Doré.
Ese sensual vestido negro ajustado al cuerpo, hecho para resaltar las curvas de una mujer, con un escote V muy pronunciado. Aberturas en ambas piernas exponiendo los muslos en pantimedias negras, con zapatillas del mismo color y de tacón de aguja.
—¿Estás bien, Adi? Te ves… Desanimada… —susurró Corinne, con genuina preocupación, mientras llevaba en sus manos un par de copas—. Toma una. Este vino está riquísimo~ te animará muchísimo —le guiñó un ojo.
—Merci~ (gracias) —Adeline tomó la copa y bebió unos tragos. Haciendo una leve pausa—. La verdad, ha sido una terrible noche, Cori…
Corinne bebía de su propia copa mientras posaba sus ojos grises en Adeline.
—¡El pago de ayer fue muy poco! —exclamó Adeline—. Ni siquiera podremos pagar las facturas del mes anterior. Casi no soy solicitada como acompañante en el club… quizá es porque… —Adeline hizo una pausa observando en la distancia a otras de las acompañantes—. No soy tan guapa como ellas.
Corinne volvió a ver en la dirección que veía Adeline.
—¡Solo míralas! Son extremadamente delgadas, tan altas, esbeltas, elegantes… ¡Parecen modelos! Y yo… solo soy yo. Una chica común.
Corinne dejó la copa sobre la barra. Y posó ambas manos con firmeza en los hombros de su mejor amiga.
—¡Saldremos de esta Adi! No te preocupes de más —dijo viéndola fijamente, con seriedad—. Haces muchísimo ayudándome, eres una persona con un corazón muy noble… Yo me encargaré del resto. Solo… solo cumplamos con esta semana en el club, y buscaremos otro trabajo extra.
Y justo en ese instante, la pantalla del móvil de Adeline se iluminó. Una notificación entrante.
[En la habitación 420. Servicio de acompañante por tres horas: servir licores, charlar y bailar. Los clientes son VIP. Así que por favor, de la talla o le cobramos todos los inconvenientes.]
—¡CORI! —exclamó Adeline con una sonrisa de par en par—. ¡Oh, Dios! ¡No lo puedo creer! ¡Me han asignado clientes VIP!
—¡¿QUÉ?! —le quitó el teléfono Corinne, leyendo por sí misma la notificación del Club.
—¡Si les agrado me darán mucha propina!~ y me asignarán a más clientes de élite. Podremos recoger el dinero del mes pasado pronto.
—Adi… Ten mucho cuidado. He escuchado horribles rumores de las chicas que atienden a los VIP…