Capítulo 10: ¡Déjame ir!
Ese hombre de cabello negro ondulado, traje oscuro de gala a medida, y una elegancia innata, dominaba el salón como si hubiese nacido para reinar en ese tipo de escenarios.
Se inclinó levemente, sin tocar el micrófono, y habló con una pulcritud impecable y una presencia magnética:
—Bonsoir (buenas noches), señoras y señores —elevó su mirada, clavando sus afilados y penetrantes ojos azules en la multitud—. Me honran con su presencia esta importante noche.
El salón