192. EL CAPO Y SU CONSIGLIERE
MINETTI:
Mis hombres siguen en silencio, tensos; cada palabra que digo es una bala lista para explotar. No me importa. No me interesa cuánto les incomode mi furia. Hoy entenderán que nadie, absolutamente nadie, toca a Lilian sin enfrentar las consecuencias.
—Está bien, jefe —se acerca Humberto, mirando como Lilian me sigue llamando desde la playa—. Debe tener cuidado de que ella no se entere; no creo que le guste eso. Ella es diferente.
—Eso es verdad. Si ella se entera, me va a armar la grande —estoy de acuerdo con ellos—. Pero no dejaré de hacerlo; me vengaré de todos ellos. Tengo que volver fuerte a Lilian, tengo que entrenar su voluntad.
—Ella lo tiene adentro, jefe —asegura Estefan—. ¿No la vio en el club?
Sé que lo tiene, pero ella ama salvar vidas; ella ama ser doctora. Tengo que hacer que sepa cuándo debe salvar una vida y cuándo no. Sin embargo, tengo que hacerlo despacio.
—¿Qué querías decirme, Humberto? —miro a mi jefe de seguridad.
—Damián está aquí con Demon —