192. EL CAPO Y SU CONSIGLIERE
MINETTI:
Mis hombres siguen en silencio, tensos; cada palabra que digo es una bala lista para explotar. No me importa. No me interesa cuánto les incomode mi furia. Hoy entenderán que nadie, absolutamente nadie, toca a Lilian sin enfrentar las consecuencias.
—Está bien, jefe —se acerca Humberto, mirando como Lilian me sigue llamando desde la playa—. Debe tener cuidado de que ella no se entere; no creo que le guste eso. Ella es diferente.
—Eso es verdad. Si ella se entera, me va a armar la gr