Capítulo 17. Descubiertos
Mauricio eligió un restaurante pequeño frente al mar. No tenía manteles de lino ni lámparas de cristal, solo mesas de madera gastada, debajo de un toldo. El sonido constante de las olas rompiendo contra la orilla propiciaba un espacio relajante y lo suficientemente romántico para que algunas parejas estuvieran allí conversando.
Él pidió la mesa más cercana al agua, donde el viento traía olor a sal y la brisa jugaba con el cabello de Verónica.
—Es muy bonito este lugar, no lo conocía —d