Primer domingo II.
El tacón de Anya resonaba sobre el mármol. No tenía apuro y mucho menos interés.
Caminaba desinteresada, ajena a la vida misma, pero con pasos medidos, para no dar la idea equivocada a Edward; no le demostraría de ninguna manera, que tenía oportunidad con ella.
Edward la seguía desde atrás y él sí que estaba emocionado por la idea de pasar su primer domingo con Anya, pero no dijo nada. Simplemente sonreía. Y Anya, sentía su mirada en su nuca, esos ojos oscuros penetrantes que parecían vigila