El poder de Edward Vanderbilt.
El mundo de Anya se detuvo al pensar que sus hijos no volverían a su lado, pero el de Edward no. Seguía girando con más intensidad. Porque cuando algo importante está en peligro, es cuando el poder tiene valía.
Anya seguía de pie frente a él, pero sus labios y todo su cuerpo temblaba.
Sus palabras seguían en la cabeza de Edward como un eco persistente; “Alan… se robó a mis bebés”
Las palabras no habían terminado de salir de labios de Anya cuando Edward ya había girado sobre sí mismo, como si