Destino.
La elegancia que caracterizaba a los Castelli era algo que Isabel no había traicionado nunca. Ni siquiera cuando debía fingir ser una simple turista visitando Moscú.
Su abrigo color marfil estaba ceñido a su cintura, mientras caía con elegancia a sus costados, mientras el bolso de piel colgaba en su brazo.
No llevaba demasiado allí; solo su celular, una fotografía vieja de su hija, Anya, con tres años. El único recuerdo que guardaba intacto.
Llegó puntual al café acordado, un local sombrío, d