Sin saber que Ana estaba enferma, él la dejó en su casa y se marchó.
Sorpresivamente, Ana volvió a su hogar, encontrando el apartamento sin criados, desolado y frío. Exhausta, se recostó en su suave cama y comenzó a reflexionar sobre Mario, repasando su pasado juntos y contemplando su futuro.
Perdida en sus pensamientos, el sueño la fue venciendo poco a poco.
Soñó con el día de su decimoctavo cumpleaños, la primera vez que sintió una emoción intensa por Mario, durante la gran fiesta en la Mansió