Después de un breve momento, Dulcinea recuperó la compostura.
Llamó a su secretaria para que atendiera a la clienta mientras ella guiaba a Matteo hacia su oficina privada.
Aunque eran familia, el ambiente entre ellos era extraño, cargado de una tensión silenciosa.
Dulcinea comenzó a preparar té, su voz apenas un susurro: —¿Todavía tomas mate?
Matteo se acomodó en el sillón individual.
Observó todo a su alrededor, notando las pinturas de Dulcinea dispersas por la habitación y percibiendo el sutil