Rose, por lo general, no solía cuestionar nada.
Pero esta vez, Matteo la miró con sus ojos entrecerrados, y su tono se volvió frío:—Eso no es asunto tuyo.
En tres años de matrimonio, nunca la había tratado con tanta frialdad.
Rose sintió un nudo en el estómago, pero aun así, mantuvo la calma y siguió ayudándolo a desvestirse, mientras trataba de distraerlo hablando de su trabajo:
—¿Te fue mal en algo hoy? ¿Por eso tu papá te regañó?
Matteo no respondió.
Había seguido al pie de la letra las expec