Freya preparó los accesorios que usaría con una dedicación casi ceremonial. En el Oeste se sabía que la Reina poseía una belleza sublime.
«Dudo que sea más perfecta que yo», se había dicho con un deje de amargura.
Eligió varios vestidos de colores claros, de telas suaves, que resaltaban su figura y su piel cuidada. Dejó el cabello suelto, apenas adornado con pequeñas trenzas que caían sobre sus hombros. Quería verse dócil. Hermosa. Digna de que el alfa presumiera su belleza, su afecto. El viaj