Los ojos de Liani se desorbitaron; sus labios temblaron incontrolables. Las palabras quedaron atascadas en su garganta. Por instinto le soltó las manos y retrocedió dos pasos.
—Por favor, por favor —volvió a suplicar Leah entre lágrimas.
La sirvienta logró negar con la cabeza y se abrazó a sí misma. Llevarse a la compañera del alfa demonio era lo mismo que firmar su sentencia de muerte. Nadie con un poco de cordura se atrevería.
—De-debo irme —se volteó con la intención de salir rápido de ahí.