―Hay alguien cercano. Con el suficiente poder para ocultarse de mis visiones ―Sus ojos, antes bañados en un fulgor azul, regresaron lentamente a la normalidad.
El silencio que siguió fue incómodo. El Rey no apartó la mirada de ella; su expresión oscilaba entre la sospecha y una falsa serenidad.
―Voy a ser benevolente ―murmuró, en un intento de convencerse a sí mismo. Luego sus ojos se posaron en Noah y en la mujer a la que el lobo amaba―. Veré la manera de hacer lo que me has dicho. Recuerda, vi