Leah cerró los ojos para no mirar su propio vómito. Sintió a su bebé moverse, inquieto, en su vientre. A su alrededor, todos parecían tomar lo sucedido con una calma aterradora.
Los “sabios” apenas dirigieron un vistazo a los cadáveres de quienes habían sido sus compañeros durante años.
El abuelo de Ada arrugó la nariz con el mismo desagrado con que se reacciona ante el excremento. Para él, esas muertes significaban avance político.
La vidente perdió la noción del tiempo; no supo si pasaron