Leah parpadeó varias veces.
La profecía —o lo que recordaba de ella— decía: Un hijo, hijo, hijo nacido del don y la furia.
Un cachorro macho. Ese dato estaba más que claro.
Leah dejó escapar un largo suspiro. Apartó su vista de Amira.
—Noah está vivo.
Cassian entrecerró los ojos en dirección a la vidente. Todos en la manada habían comenzado los lutos por el alfa, luego de tanto tiempo sin saber nada de él.
—¿Cómo sabes eso? —No quería escuchar sobre presentimientos. Esa estupidez era la que rep