089 El alfa de la mier...
El guerrero olfateó y percibió un pequeño rastro de olor familiar.
—Noahleem —escupió el nombre como si fuera una blasfemia—. Quién diría que ese perro apestoso anduviera por aquí.
Sus dedos, cubiertos de cicatrices, sacaron un pañuelo de seda blanco que desentonaba con su ropa de cuero curtido. Aún conservaba el tenue aroma de la compañera del alfa Lucian, no era tan preciso por qué estaba mezclado con un tipo de loción aromática. Pero de algo serviría.
—Busquen por todas partes —ordenó o