Y yo que pensaba, ingenuamente, ¡que lo más difícil había pasado ya! Pocos días después de la cena, me encontré a la linda Carlota en el pasillo y me soltó sin anestesia:
-¿Crees que te vas a quedar con la herencia de mi padre? Déjame decirte que estás muy equivocada. ¡Vas a salir por esa puerta como una indigente y con una mano adelante y otra atrás!
Yo la miré con miedo, pero ella se dio la vuelta y se fue, de lo más tranquila. ¡Vaya! ¡Ni las cuñadas de María Mercedes me daban tanto terror!