Al analizar mi situación y meditar sobre mi vida, tomé la decisión de aceptar la propuesta del señor Marcos.
¡Sí! ¡Me iba a casar con un hombre que podía ser mi abuelo! Qué loco, ¿verdad?
Por supuesto, la familia no podía enterarse. ¡Imagínense! Me hubieran metido en una bolsa negra y me hubieran lanzado al río más profundo que existiera.
Todo se hizo en una de las mansiones de don Marcos, con sus amigos más cercanos, que eran solo tres: el juez, el abogado y su fiel chófer, quien ade