-Vaya, Juliana... si tu mirada intensa y tus evidentes nervios no te delataran por completo, podría jurar que me estás diciendo la verdad. Podría creerte que ya no sientes absolutamente nada por mí y que solo soy el padre de tu hijo. Pero sé perfectamente que no es así; sé que me amas tanto como te amo yo a ti. ¿Y sabes qué? Me puedes repetir mil veces más que lo nuestro se acabó, puedes jurarme que no soy nada en tu vida y te puedes pasar todo el tiempo del mundo diciéndome lo mismo una y otra