El viaje terminó frente a un edificio discreto en una zona tranquila de South Beach. Mauricio estacionó la camioneta en el garaje subterráneo y guio a Verónica hacia el ascensor. Al llegar al piso cuatro, abrió la puerta de madera y le cedió el paso.
Verónica entró despacio, mirando a su alrededor con atención. Después de haber vivido en el lujoso penthouse de Brickell y de pasar cuatro años en una celda gris, esperaba encontrar un lugar ostentoso. Sin embargo, el apartamento era modesto pero