A la mañana siguiente, los primeros rayos del sol entraron por los grandes ventanales de la mansión, pero el ambiente dentro de la casa seguía sintiéndose pesado. Después de la terrible discusión de la noche anterior, Gabriela abrió los ojos y se sentó en la cama. No había podido dormir casi nada, pero no sentía cansancio; al contrario, una fuerza nueva corría por sus venas. Despertó completamente decidida. Tenía la mente clara y el corazón firme: no iba a pasar ni un solo día más al lado del h