Mauricio llegó al apartamento de Miami con el tiempo justo para recoger a Verónica y salir directo hacia el aeropuerto. El auto que los llevaría a la terminal ya estaba esperando abajo. Mauricio vestía una sudadera comoda, listo para enfrentar la batalla legal en Nueva York, pero en cuanto Verónica le abrió la puerta, su instinto de abogado y su atención de hombre se encendieron de inmediato.
La encontró sumamente nerviosa. Verónica caminaba de un lado a otro por la pequeña sala, con las mano