Minutos después de colgarle a los guardias, el celular de Rodrigo volvió a sonar sobre el escritorio. Al ver la pantalla, contestó de inmediato con el rostro desencajado por la tensión. Era el hombre que había enviado a Miami para encontrar a Verónica y asesinarla.
Rodrigo esperaba recibir buenas noticias que calmaran su desesperación, pero la voz al otro lado de la línea solo aumentó su tormento.
—Jefe, lo llamo para decirle que no tengo ninguna pista de ella —soltó el hombre al otro lado