C20: También la estabas engañando a ella.
El chofer de Ámbar, que aguardaba dentro del auto, notó la tensión desde lejos. La vio parada frente a Vidal, con el rostro desencajado, los ojos enrojecidos por las lágrimas y los labios temblorosos. No lo dudó: abrió la puerta, bajó apresurado y se acercó a ellos.
—¿Se encuentra bien, señora? —preguntó con preocupación, lanzándole a Vidal una mirada de desconfianza—. ¿Este sujeto la está molestando?
Vidal alzó una mano, tratando de mantener la calma.
—Por favor —articuló—, esta es una conversa