Vidal se quedó completamente petrificado. Su cuerpo se negaba a responder y sus pensamientos se desmoronaban a una velocidad imposible. El color se le esfumó del rostro, y en cuestión de segundos, aquella expresión altiva que llevaba frente a Raymond se transformó en puro desconcierto. Estaba pálido, con los ojos muy abiertos, sin poder asimilar lo que acababa de escuchar.
En su mente, aquello no podía ser más que una broma cruel, una alucinación. Tenía que estar soñando, o atrapado en una de e