C133: Déjame aclararte las cosas.
Ámbar experimentó una irritación tan súbita que casi le nubló los sentidos. ¿Cómo era posible que Vidal estuviera allí, precisamente en ese parque, en ese momento?
La coincidencia le resultó absurda y una punzada de desconfianza le recorrió la columna; parecía imposible que el destino lo hubiera traído justo ante ella, cuando su único deseo era apartarse de todo lo que pudiera turbar la poca serenidad que había conseguido.
Lo observó con el ceño fruncido, incapaz de ocultar su desconcierto, y sintió que la ligera calma que había logrado reunir se desvanecía como humo.
—¿Cómo es posible que estés aquí? —cuestionó ella—. ¿Qué es lo que quieres?
Vidal dio un paso cauteloso hacia ella, como si temiera espantarla o provocar una reacción aún más hostil.
—Yo solo estaba pasando por aquí —respondió, intentando que su voz sonara natural—. Te vi sentada y no pude resistirme a la idea de acercarme. ¿Qué estás haciendo aquí sola? La mansión queda lejos de este lugar. ¿Qué es lo que sucede? ¿Tuvis