C134: No deseo prolongar esta hostilidad.
Ámbar lo escuchó en silencio, con el semblante endurecido y los brazos cruzados sobre el regazo. La irritación se reflejaba en el temblor minúsculo de sus pestañas y en la crispación de sus labios.
Cuando respondió, su voz se elevó con una frialdad deliberada.
—¿Por qué no vas a casarte con ella? —preguntó, sin apartar los ojos de su rostro—. Deberías hacerlo, Vidal. Eso es lo que un verdadero hombre hace: asume la responsabilidad. Sería lo más sensato, lo más digno. Después de todo, eso era lo que querías desde mucho antes, y eso es lo que ella también desea. Si ambos lo quieren, y además están a punto de tener un hijo, ¿por qué no convertirse en un matrimonio?
La pregunta cayó como un reproche afilado. Vidal aspiró profundamente, como si la respuesta demandara esfuerzo.
—Yo no quiero a Alaska —replicó con seriedad—. Y no voy a casarme con ella por el bebé. No estoy diciendo que la llegada de ese niño sea algo insignificante; al contrario, me importa. Me importa mucho mi hijo. Pero s