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«Felicidades, usted está embarazada»
«¿Embaraza?» La frase cayó con una precisión cruel, como si alguien hubiera arrojado una piedra directo al centro del pecho de Ángela Palacios. No hubo preámbulo, ni advertencia, ni suavidad. Solo esas cuatro palabras pronunciadas con voz profesional, medidas, ajenas al terremoto que acababan de desatar. Ángela parpadeó una vez y luego otra sin poder creer en las palabras que había escuchado. El ventilador del consultorio giraba lentamente en el techo, emitiendo un zumbido constante que de pronto se volvió insoportable. El aire olía a desinfectante, a látex, a encierro. Todo parecía demasiado pequeño para una noticia tan grande. —¿Cómo dice…? —susurró, aunque había escuchado perfectamente. La doctora, una mujer de mediana edad con lentes rectangulares y expresión cansada, la observó con atención clínica. Estaba acostumbrada a reacciones de ese tipo. Lágrimas, gritos, silencios y hasta desmayos. —El examen es claro, es positivo —repitió—. Tienes aproximadamente seis semanas de embarazo. «Seis semanas» repetía en su mente una y otra vez. Ángela bajó la mirada hacia su vientre plano, incapaz de comprender lo que le estaba pasando. Su corazón comenzó a latir con fuerza, como si quisiera escapar. La palabra no solo traía consigo una vida nueva. Traía miedo. Juicio. Rechazo. Un futuro completamente distinto al que había imaginado. El aire abandonó sus pulmones de golpe. Su visión se nubló mientras la palabra se repetía una y otra vez en su mente, mezclándose con recuerdos que creía enterrados: El recuerdo de él apareció con una nitidez dolorosa, como si hubiera estado esperando ese momento para reclamar su lugar. Ignacio, con su sonrisa ladeada y su manera de mirarla como si Ángela fuera un secreto delicioso. Ignacio, el hijo del hombre más poderoso de Santa Clara, el heredero de un imperio que no tenía espacio para una muchacha como ella. Se conocieron casi por accidente. Una tarde cualquiera. Una conversación breve que se volvió larga. Una risa compartida que terminó en silencio cargado de electricidad. Desde el principio supieron que no debían cruzar esa línea. Y aun así lo hicieron. Fueron meses de encuentros furtivos, de manos que se buscaban con urgencia, de besos robados en lugares donde nadie debía verlos. Ignacio hablaba de sueños, de construir algo propio lejos de las sombras de su apellido. Cuando la abrazaba, Ángela creía cada palabra. La doctora seguía hablando, explicando resultados, controles prenatales, medicamentos y otras cosas más. Ángela asentía de forma automática, sin escuchar realmente. En su mente solo resonaba una pregunta, insistente y feroz. «¿Cómo voy a sobrevivir a esto? ¿Qué le voy a decir a mis padres? ¿Lo tendré?» Miles de preguntas surgieron en su cabeza y no encontraba respuesta a ninguna de ellas. —¿Te sientes bien? —preguntó la doctora, notando su palidez. Ángela intentó responder, pero la garganta se le cerró. Pensó en su familia. En su madre. En las miradas del pueblo, siempre listas para señalar. Pensó en la panadería, en las largas jornadas, en los sueños pequeños que ahora parecían frágiles. —¿Hay alguien a quien podamos llamar? —insistió la doctora con un tono más suave tratando de llamar su atención—. ¿Tu pareja? La palabra pareja la atravesó como un puñal. Ignacio se había ido semanas atrás, empujado de regreso a la capital por insistencia de su madre. Ignacio prometió volver. Prometió no olvidarla. Pero el silencio fue lo único que llegó después. —No —respondió Ángela al fin, con un hilo de voz temblorosa—. Estoy sola. El mareo la golpeó sin aviso. El consultorio comenzó a girar lentamente, como si el mundo hubiera decidido perder estabilidad junto con ella. El zumbido del ventilador se mezcló con el sonido acelerado de su respiración. Intentó levantarse. Quería salir. Necesitaba aire, sentía que se estaba asfixiando, pero sus piernas no le respondieron. —Ángela… —alcanzó a decir la doctora, poniéndose de pie. No escuchó el resto. El piso frío la recibió cuando su cuerpo cedió, vencido por el peso de una verdad demasiado grande para cargar sola.






