"Lo haré por ti", continúa Antonio con la garganta de ella aún envuelta en una mano mientras extiende las garras de su mano libre desgarrando su vestido, relamiéndose los labios mientras sus suculentos senos caen frente a él.
"Por favor... para", exclama Leila, cubriéndose. Vergüenza, miedo y asco se apoderan de ella al mismo tiempo, pero Antonio no desiste y la arroja sobre la cama, saltando sobre ella antes de que pueda mantener el equilibrio.
Tiene que probarla, follársela hasta entumecerle