El palacio se encuentra en silencio, las llamas apagadas tras el fervor de la coronación de la noche anterior.
La luz de la luna se cuela por las ventanas arqueadas de las habitaciones reales, bañando la estancia de plata. Un fuego lento arde ahora en una chimenea, proyectando sombras que danzan por la sala consagrada.
El festejo, los vítores, la música, los juramentos, se han desvanecido dejando solos, por fin, a Leila y Tatum.
Leila está de pie junto a la ventana, su vestido zafiro sustitui