Cuatro años después de la coronación, el palacio murmura con vida, sus pasillos de piedra suavizados por las risas y la luz del sol.
Las cicatrices del cruel reinado de Antonio se han desvanecido, reemplazadas por pintorescas floraciones de robles y llamas de fénix.
En un pasillo iluminado por el sol, Amara, que ahora tiene diez años, corre detrás de un risueño niño de tres años, su pelo oscuro rebotando en una trenza suelta.
El niño, Kael, es el hijo de Kelvin y Tatiana, que están de visita