Leila no sabe cómo llegó a casa esa noche, todo lo que puede sentir es dolor. Espantoso y letal, en cada parte de su cuerpo, en cada parte de su organismo.
No es solo la forma en que Antonio la ridiculizó, humilló y rechazó lo que le duele, sino el dolor del rechazo unilateral, algo que no puede explicar.
Siente como si un enjambre de abejas estuviera atacando su corazón, como si la estuvieran picando constantemente, le duele la cabeza, como si estuvieran utilizando un mazo para intentar abrir