El sábado a las diez en punto, Adriano estaba en el parque. No llevaba traje, sino unos jeans y una sudadera, intentando parecer menos intimidante, más accesible. El frío de los últimos días había dado paso a un sol pálido de finales de invierno que no lograba calentar el hielo que se había instalado entre Charlotte y él.
Ella llegó puntual, empujando la sillita de Sophie. Su rostro era una máscara serena, impasible. Cumpliría su palabra. Relación estrictamente co-parental.
—Buenos días —dijo é